miércoles, 18 de junio de 2014

El fascismo en fase decadente en Argentina

Forster: el sirviente subsidiado



Por Nicolás Márquez

No vamos a dramatizar. Si un parásito financiado como Ricardo Forster es nombrado en el inservible y oneroso cargo de titular de la nueva Secretaría de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional (dependiente del Ministerio de Cultura y Educación), ello no significa que de ahora en adelante cada pensamiento que surja de todos y cada uno de los argentinos estará digitado por la oficina burocrática capitaneada por este intelectual menor.

A estas alturas, el régimen no tiene fuerzas ni consenso como para controlar y determinar qué es y qué no es “el pensamiento nacional”. En efecto, de lo que aquí se trata es de un objetivo secundario, consistente en premiar con plata ajena a los sempiternos alcahuetes y arribistas del régimen, que en la etapa final de la fiesta necesitan abrevar en su habitual condición de vividores, a fin de mantener a la ominosa runfla de marxistas infecundos que saben y les consta que, en el futuro cercano, tendrán que trabajar para comer y no precisamente vendiendo humo, tal como lo vienen haciendo Forster y toda la caterva de “pensadores” que integran “Carta Abierta”, “678”, el “Instituto Dorrego” y cuanto club de obsecuentes estatizados pulule en la prostituida, esquilmada y envilecida ex República Argentina.

No le demos mayores vueltas al asunto. El desaliñado Forster no es más que un divagador psicobolche, de porte taciturno, sin brillo, en exceso aburrido, quien con su recurrente look de “docente pobre” explica lisas y llanas imbecilidades en tono rebuscado y pretendidamente facultativo. Pues bien, de ahora en adelante este difusor afectado cobrará 40 mil pesos por mes (sólo por derecha) para comandar una de las infinitas dependencias burocráticas del Estado, en donde se coordinará estratégicamente no “los pensamientos nacionales” sino los nuevos sueldos para conmilitones y consuetudinarios vividores.

Mal que les pese a los lectores de Arturo Jauretche, Raúl Escalabrini Ortíz y toda aquella comparsa de FORJA (trasnochado grupete populista con reminiscencia antisemita de los años 30´) no existe tal cosa como “el pensamiento nacional” y por ende no hay nada que coordinar. Lo que sí habrá en esta secretaría, será un refuerzo en el desacreditado aparato de propaganda ideológica del régimen, en el cual se enfatizarán gastados aforismos demagógicos propios de los libretos patrioteros de la desvencijada “izquierda nacional”, tan publicitada décadas atrás por Abelardo Ramos y otros punteros del siglo pasado. Vale decir, con esta flamante secretaría habrá más de lo mismo de lo que ya viene ofreciendo el relato kirchnerista desde que construyó su propio aparato de divulgación, tras romper relaciones carnales con el demonizado “monopolio Clarín” en el 2008. Eso sí, lo único que habrá de nuevo, es un presupuesto puntualmente dedicado a solventar esta redundante aventura propagandística y rentística.

En definitiva, el becario Ricardo Forster viene a ser algo así como el Ignacio Copani de la academia: de no ser por la generosidad del Estado kirchnerista no podría sobrevivir dos días en el mercado, simplemente porque lo que ofrece no sólo es sustancialmente pobre, sino porque además no le interesa a nadie. No resulta extraño entonces, que sean estos dependientes quienes defiendan con tanto tesón al régimen que los alquila como juglares, aplaudidores o pretensos pensadores, según el caso.

“No hay que dar por el pito más de lo que el pito vale” reza un antiguo aforismo popular. Esta maniobra oficialista no es ni “orwelliana”, ni “fascista”, ni “stalinista”, por repasar algunas de las muchas etiquetas que fueron esbozadas en la semana. Pero no porque el régimen no quiera llegar a tanto, sino porque “no le da el cuero” para tan ambicioso objetivo.

La Secretaría de Forster no es más que una remozada paparruchada de una dictadura tan decadente como en retirada, que tiene que darle de comer a quienes fueron sus más solícitos sirvientes.

Forster constituye entonces, el leading case en tan indecorosa materia.

La Prensa Popular

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